Introducción
El periodo inmediatamente anterior a 2024 ha estado caracterizado por lo funesto que ha resultado ser para la mayoría de los grupos yihadista que operan en Sudeste Asiático, ya que, a la continua perdida de militantes ya sea por su rendición a las autoridades o por la captura o muerte en enfrentamientos con las fuerzas armadas de los diferentes países que componen la región, hay que sumar, con el transcurso de los meses, la neutralización de los emires y comandantes carismáticos de dichas organizaciones yihadistas. Esta continua merma en las filas de los grupos armados, unido al descabezamiento de las diferentes organizaciones terroristas y la dificultad en encontrar reemplazo en su liderazgo han vuelto a provocar la práctica paralización de la actividad yihadista en la mayor parte de los países de la zona
Para Tailandia, 2023 fue un nuevo año perdido en búsqueda de solución a un conflicto que ya se prolonga por demasiado tiempo entre el gobierno y diferentes grupos insurgentes de etnia malaya y confesión musulmana que actúan en las provincias del sur del país. Y es que, la campaña de atentados iniciada los últimos meses de 2022 continuó con toda su crudeza durante gran parte del año causando lesiones o la muerte a decenas de civiles y miembros de las fuerzas de seguridad, sin que estos consiguiesen frenar la violencia pese a las numerosas operaciones antiterroristas realizadas.
La inestabilidad política fue otro añadido más para contribuir al deterioro de la situación. El gobierno, que previamente había realizado algunas concesiones a grupos como Barisan Revolusi Nasional (BRN) para intentar calmar los ánimos, fue incapaz de sumar una mayoría política tras las nuevas elecciones celebradas en mayo, por lo que debido a esta coyuntura la insurgencia acabó levantándose de la mesa de negociación hasta saber con certeza quién asumiría el gobierno y si tendría voluntad de continuar con el proceso de paz. Finalmente, el gobierno responsable del proceso de paz no obtuvo una mayoría necesaria, siendo elegido en agosto (y en oposición a la voluntad popular) un primer ministro más proclive a los intereses del ejército, por lo que se temió por el fin del proceso. Sorprendentemente este jefe de gobierno decidió dar pasos definitivos para traer la paz al sur del país por lo que la insurgencia bajó la intensidad de los ataques en los meses de noviembre y diciembre.
Por lo que respecta a Malasia, este país de Sudeste Asiático volvió a disfrutar de un año de calma pese a estar rodeada de naciones sumidas en conflictos armados en los que los grupos terroristas que operan en ellos consideran a este estado como un refugio seguro para huir de la acción de las fuerzas de seguridad.
Por su parte, Singapur vio quebrada su paz cuando supo en el primer trimestre de 2023 que en el plazo de las varias semanas que transcurrieron desde finales de diciembre 2022 y el siguiente mes de enero habían sido detectados tres adolescentes lo suficientemente peligrosos como para ser sometidos a restricción de movimientos o penas de cárcel por sus diferentes grados de vinculación a organizaciones yihadista globales.
En la vecina Indonesia, la actuación de los diferentes cuerpos antiterroristas que existen en el país se puede calificar como un éxito prácticamente total ya que mantuvieron bajo control a todas las organizaciones yihadistas locales/regionales o globales que operan en su territorio, impidiendo así su actividad terrorista. Este férreo control realizado por organizaciones como Densus 88 ha impedido tanto la reactivación de Mujahidin Indonesia Timur (MIT), como la comisión de atentados a lo largo de 2023 por parte de la otra filial de Daesh en Indonesia como es Jamaah Ansharut Daulah (JAD). Por lo que respecta al resto de grupos yihadistas, las continuas operaciones policialescontra diferentes frentes de Jemaah Islamiyah (JI) para evitar que esta reactivase su brazo armado llevaron a la misma a un nivel de caos interno que allanó el camino para la decisión de disolverse tomada ya este último año. Por un camino similar transitó Negara Islam Indonesia (NII) ya que las fuerzas policiales y antiterroristas pusieron especial empeño en identificar y detener a los militantes del grupo con conocimientos en el manejo de armas y explosivos a fin de que estos no pudiesen formar al resto de militantes, intentando evitar así que dicha organización supusiese un peligro importante para la seguridad del estado en un futuro no muy lejano.
En Filipinas, la fórmula de colaboración entre las fuerzas armadas y de seguridad con los insurgentes desmovilizados tras los acuerdos de paz y la sociedad llevaron a los diferentes grupos yihadistas que operan en el sur del país a las puertas del colapso. No obstante, y a diferencia de 2022, comenzaron a originarse tensiones entre militares inmersos en operaciones de lucha antiterrorista y miembros del MILF que tuvieron que ser resueltos mediante la mediación de la sociedad civil de la región. En lo que se refiere a los grupúsculos que juraron fidelidad a Daesh, tanto Maguid Group como Hassan Group o Maute Group vieron diezmadas sus filas por las diferentes operaciones realizadas por el ejército filipino, lo que limitó la actuación del segundo de los grupos a varios ataques de represalia contra soldados y militantes del MILF y al tercero a atentar contra civiles que celebraban un acto religioso. Parecida suerte corrió Abu Sayyaf, organización que pese a que pudo realizar diversas emboscadas a lo largo de 2023 fue objetivo de una implacable persecución por parte del ejército filipino que causó la captura o muerte de decenas de sus militantes, lo que unido a la rendición de casi dos centenares yihadistas buscando acogerse a la amnistía permitieron declarar a uno de sus feudos históricos como territorio libre de Abu Sayyaf (Mendoza, 2023). Por ultimo y pese a que Bangsamoro Islamic Freedom Fighters (BIFF) consiguió realizar con éxito varios atentados contra el ejército filipino, grupos insurgentes desmovilizados y objetivos civiles vio cómo la organización se sumía en la desconfianza entre sus militantes, lo que dio lugar a combates entre diferentes corrientes y la ejecución sumaria de militantes acusados de ser espías infiltrados. Este caos interno facilitó la rendición a las autoridades de cerca de tres centenares de sus militantes y la captura o neutralización de varias decenas de yihadistas en diferentes operaciones militares, incluyendo la entrega del líder de una de sus corrientes que meses antes se había postulado para sustituir a Abu Zacariah como emir de la provincia del Sudeste Asiático tras su muerte.
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